Mary Robinson: "Estoy interesada en mujeres líderes levantando su voz" - Congreso Futuro

Mary Robinson: «Estoy interesada en mujeres líderes levantando su voz»

Estadista, alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU hasta 2002 y abogada de causas nobles y actuales, esta jurista de prestigio internacional visitó Chile para hablar de justicia climática y paridad, en el Congreso Futuro. Aquí habla de cómo su crianza blindó su independencia y estructuró su camino político.

Mira hacia la ventana y habla con emoción:

-Cuando me eligieron en el Senado, a mis 25 años, quise implementar el contenido de mi discurso como presidenta de los estudiantes en la Sociedad de Derecho. Dije que deberíamos terminar con la prohibición del divorcio en nuestra Constitución, legalizar la planificación familiar e impedir que la homosexualidad y el suicidio siguieran siendo crímenes en Irlanda. Y presenté un proyecto de ley para legalizar la planificación familiar, pero jamás esperé la reacción que causó: comencé a recibir cartas llenas de odio. Y el Senado rehusó imprimirlo en el diario senatorial. Un senador se puso guantes para no tener que tocar el diario con sus manos. Yo diría hoy que esa, probablemente, fue mi batalla más dura.

Impecable, cercana y alerta, la jurista Mary Therese Winifred Bourke

-Mary Robinson, apellido que adoptó por su matrimonio de medio siglo con el abogado Nicholas Robinson, con quien tiene tres hijos-, séptima presidenta de Irlanda y primera jefa de Estado en la historia de ese país; alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas hasta 2002; estadista reconocida globalmente por su lucha en pro de los Derechos Humanos, la causa de las mujeres y la justicia climática, nunca se aparta de su historia al recordar sus batallas más emblemáticas.

Y es que fue en sus primeros años cuando se gestó su mirada independiente. Años que vivió en una nación conservadora y católica que, paradojalmente, la convirtieron en una progresista que desafió su destino. Hoy, cuando recorre el planeta -a Chile vino a presentar su charla magistral sobre desafíos climáticos en el marco del noveno Congreso Futuro, su cuarta visita- y es cabeza de múltiples asociaciones mundiales de estadistas, esta irlandesa nacida en un mínimo pueblo del oeste de su país le da al César lo que le corresponde.

Vuelve a recordar la batalla política más dura de su vida, en 1969:

-Yo era joven y sensible y hasta ahí estaba acostumbrada a ser admirada y ahora era odiada. Recuerdo ir caminando por una calle principal pensando en que la gente iba a saltar llamándome una mujer mala, una mujer terrible que venía del infierno. En eso, mi marido -o mejor dicho, mi novio aún- se puso a quemar esas cartas llenas de odio hacia mí. Y yo decidí estudiarme a mí misma y pensé: ‘Esto es importante para el país. Debemos cambiar’. Desde entonces nada fue más difícil, desde una perspectiva personal, como esa primera decisión en mi vida.

Ya en los 80, cuando asumió sus batallas políticas por el aborto y el divorcio, era una mujer fogueada en lo público. Se opuso a introducir una propuesta sobre aborto en la Constitución de Irlanda que igualaba la vida de la madre con la del embrión y les daba la misma importancia. Como abogada intentó que la Corte de Derechos Humanos ayudara a remover la prohibición de divorcio, sin éxito. Tuvieron que pasar años para que dos referéndums nacionales respaldaran sus ideas. A medida de que Mary Robinson -quien hoy es académica adjunta de Justicia Climática en Trinity College, su alma mater- desgrana su trayectoria, la hila con su vida personal. En su caso son inseparables. Nacida en 1944 en una familia de médicos, muy joven pensó en ser monja. Por generaciones había sido uno de los dos destinos reservados a las irlandesas, el otro era el matrimonio. Pero esta abogada tenía una razón más de fondo. Proviene de la región más castigada durante la Gran Hambruna que diezmó dramáticamente al país en el siglo diecinueve y, en ella, una monja se convirtió en heroína por su trabajo con las víctimas. La historia de Irlanda la registra como Agnes Morragh Bernard.

-Era familiar de mi abuela y fundó las hilanderías de Foxford para auxiliar a las mujeres pobres. Pero ella no tenía maquinaria para hilar y se la pidió a un protestante de Irlanda del Norte. Eso fue increíble para la época. Tengo muchas otras parientes monjas que hicieron cosas maravillosas en India y otros lugares. En mi juventud quería ser monja porque pensaba que ese era el camino para hacer cosas. Se salvó del convento por una decisión de sus padres que querían, recuerda, regalarle un gran año en París antes de su ordenación como novicia: Mary era la única mujer entre los cinco niños Bourke. A sus 17 años desembarcó en el colegio para señoritas de Mademoiselle Anita en el barrio del Sacre Coeur. París le abrió los ojos y ya no los pudo cerrar. No solo dominó el francés, desde sus visitas al Louvre y el estudio de los filósofos hasta un concierto de Edith Piaf fueron decisivos en sus opciones futuras. Más tarde cayó en cuenta de que a través del Derecho podía también hacer grandes acciones.

-No crecí en una familia política y mis padres creían que yo debía tener las mismas oportunidades que mis cuatro hermanos. Pero nada en la sociedad irlandesa me decía esto: las mujeres eran inferiores, su lugar estaba en la casa; debían retirarse obligatoriamente de la Administración Pública si se casaban; no podían ser jurados ni ordenadas sacerdotes, ni acólitas cuando niñas. Un ethos muy estrecho. Pero mis padres no paraban de decirme lo contrario, de modo que me dieron mucha confianza en mí misma. Las luchas de Mary no han sido solo políticas. Una crucial tuvo que ver con su corazón. Sus papás se oponían a su matrimonio con Nicholas Robinson quien, mientras estudiaba Derecho, trabajaba como ilustrador en el Irish Times.

-Ellos no pensaban que él era lo suficientemente bueno para mí. Porque a los 26 años yo ya era senadora y académica. Más importante ¡yo era su hija! (se ríe ). Así es que tuve que luchar para casarme con él. Y es la mejor decisión que he hecho en mi vida porque es un hombre único: nunca le ha importado que me mueva en la esfera pública, que gane más que él. Él es una fortaleza silenciosa: muy callado, muy fuerte y tiene un sentido del humor extraordinario como uno se puede imaginar de un ilustrador. Robinson recuerda los muchos momentos graciosos que pasó con su marido durante los siete años en que presidió Irlanda, pero sobre todo releva su apoyo mientras dirigía ese país. ‘Fue mi roca con su humor y su apoyo emocional, porque cuando tú eres presidenta, vives una época muy solitaria. Y es también muy solitario cuando te conviertes en alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas’. Nicholas Robinson hizo sacrificios, dice esta abogada, nunca le gustó acompañarla en Ginebra. Ella había decidido, por eso, solo completar un período de cuatro años, pero recibió tantas cartas y mensajes para que se quedara que se quedó un año más. ‘Eso fue muy duro para Nicholas, pero jamás se quejó. Estoy en contacto permanente con él incluso cuando viajo. Somos muy unidos, pero muy diferentes’.

SU CAMINO POLÍTICO

Mary Robinson aprendió a convertir cada oportunidad en un peldaño. Fue así cuando llegó, con una beca ganada por su brillante carrera universitaria, en 1968, a la Universidad de Harvard para hacer su máster en Derecho. La atmósfera que reinaba en Estados Unidos la afectó y cambió su pensamiento. Escuchaba a sus colegas despotricar contra la guerra de Vietnam; estando allá asesinaron a Martin Luther King y, justo después de su graduación en Harvard, a Robert Kennedy.

-Lo que yo aprendí de ese año, con lo que verdaderamente me quedé, fue que los jóvenes, mis contemporáneos, se estaban comprometiendo con el programa de derechos civiles y el programa de pobreza en el sur de Estados Unidos. ¡Me impresionó tanto que estos jóvenes tuvieran confianza y quisieran marcar una diferencia! Porque en Irlanda la juventud se sentaba a esperar. Y esperaba y esperaba. Especialmente las mujeres: para ellas era el matrimonio y quedarse en la casa. Punto. Así es que cuando volví a Irlanda, al año siguiente me eligieron en el Senado irlandés y eso marcó el principio de mi carrera política. Ya no se detuvo. Como independiente, en 1990 accedió a la primera magistratura de su país.

-Usted fue la primera presidenta en la historia de Irlanda. ¿Qué fue lo más difícil?

-Creo que lo más significativo fue romper el molde instaurado por mis seis antecesores. Yo fui la séptima presidenta de Irlanda con esta Constitución de 1937 y lo que fue muy significativo es que ninguno de mis seis predecesores hombres jamás habían hecho nada en el Reino Unido. Yo me reuní con la reina, también visité el país en visita oficial. Abrí la relación entre las dos naciones. Fui a Irlanda del Norte muchas veces, y a la zona católica del oeste de Belfast, algo muy difícil. Quería que Irlanda fuera una voz en derechos humanos porque eso era lo mío como abogada, los derechos humanos y el género. En su discurso inaugural lo enfatizó. Quería que su país se transformara en una conciencia en derechos humanos. En 1992 visitó Somalia en el peak de su hambruna, y más tarde Ruanda, después de sus genocidios. Se empoderó en su rol de ser una voz de las naciones más pobres.

-Mujeres y poder. ¿Cómo ve esta combinación a 30 años desde que se convirtió en presidenta?

-Siempre me interesó el tema. Tomé varios casos como abogada representando a mujeres muy pobres que sufrían discriminación en seguridad social y otros campos. Como presidenta de Irlanda hablé con mucha pasión sobre cuestiones de género, y como alta comisionada de las Naciones Unidas insistí en mantener un balance de género en la Alta Comisión que no existía hasta ahí. En el mundo del clima, he luchado por un plan de acción sobre el género. Y hoy estoy muy interesada en mujeres líderes levantando su voz y su liderazgo en relación con el clima. ¡Porque es un problema tan agudo! Robinson advierte que en los últimos años se ha convertido en miembro de distintos grupos femeninos globales como Mujeres Conectadas, Mujeres sin Miedo y Mujeres Peligrosas. Y preside The Elders, que agrupa a estadistas y expresidentes en su lucha por la paz y derechos humanos. Este mes habló duramente en el Consejo de Seguridad de la ONU recordando lo que, a su juicio, son dos amenazas existenciales para el mundo hoy: lo nuclear y la crisis climática.

-Después cambié de ritmo. Y dije ‘les hablo a ustedes como mujer y como abuela. Si tuviéramos igualdad en el poder femenino en el mundo, tendríamos un mundo más orientado hacia soluciones’. Pidió al Consejo de Seguridad enfocarse en el problema de violencia contra las mujeres y la violencia sexual, y solicitó que las resoluciones tomadas en la Cuarta Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing hace 25 años por fin se implementen.

-¿Qué costos ha pagado por ejercer sus diferentes liderazgos?

-Siento que he sido muy afortunada. ¡Claro que he sido criticada y merecí esa crítica! Creo que mi error más grande fue hacia el final de mi mandato como presidenta de Irlanda. Se refiere a las muchas críticas que recibió en su país por renunciar tres meses antes del final de su mandato presidencial para asumir su cargo en Naciones Unidas, en 1997. Era una mandataria muy popular, recuerda, y de ella se esperaba que repostulara. Pero, al abrirse inesperadamente el cargo de alto comisionado, pidió al gobierno que la presentara y el secretario general de la época, Kofi Annan, la llamó.

-Pero tenía que ser rápido. Él me presionó para integrarme a la Asamblea General de septiembre y aunque mi período presidencial terminaba en diciembre, me fui en septiembre. (…) Y creo que ese fue un error mío. Porque cuando tú eres presidente, cumples tu mandato hasta el final. Me fui antes y hubo mucha gente que se resintió por mi decisión. Recibí muchas críticas del tipo ‘a ella no le importa. Solo quería ser presidenta para acceder a su súper cargo en Europa’. Y resulta que mi cargo en Europa fue en realidad muy difícil.

‘LLEGUÉ TARDE AL CLIMA’

Mary Robinson siente que llegó tarde a su defensa del mundo frente al cambio climático que vivimos. Es un tema que le quita el sueño hoy, pero no ha abandonado sus causas primeras.

-¿Por qué se interesó en justicia climática al punto de crear una fundación?

-Mi fundación ya terminó su tarea. Funcionó muy bien en los sistemas de las Naciones Unidas para situar al género y los derechos humanos en el Acuerdo de París. Y ahora tenemos campeones que se preocupan de mantenerlos. Quería dedicarme a hablar más ampliamente y con más urgencia, y también del tema de Mujeres Líderes. Muchas veces he dicho públicamente que llegué al clima muy tarde. Fue solo en 2003, cuando fundé ‘Realizing rights’ para trabajar en derechos económicos y sociales en países de África -derecho a comida, agua, salud, educación, derechos de las mujeres-, que se abrieron mis ojos. Robinson se dio cuenta en el contacto con África de que había comunidades completas desorientadas, perdidas, que habían caído en la pauperización por el cambio climático, afectando especialmente a las mujeres. Lluvias, sequías e inundaciones provocaban alteraciones en la cadena de alimentación y producción a escala doméstica. Fue tanto su impacto que escribió su libro ‘Justicia Climática: esperanza, resiliencia y la lucha por un futuro sustentable’.

-¿Por qué se enfocó en mujeres frente al cambio y la justicia climáticos? -Ellas están en la primera línea del problema. Son quienes mantienen unida a su comunidad, tienen que poner comida en la mesa, conseguir el agua y la leña para hacer fuego. Pero no me centro solo en mujeres. Ahora estoy muy enfocada en conseguir que los países se comprometan a ser carbono-neutrales de aquí a 2050. Nos queda poco tiempo. Desde The Elders -organización no gubernamental fundada por Nelson Mandela y que también integra Ricardo Lagos- presiona, junto a otros líderes globales, a inversionistas clave para que cambien sus inversiones que hoy apoyan el uso del carbón, petróleo y gas. Dice que es parte de su batalla, además del liderazgo de las mujeres en el mundo y lograr que ‘las naciones, incluyendo a Chile e Irlanda, aumenten sus ambiciones antes de (la COP26) Glasgow’.

-En el contexto de Chile digo que ustedes tendrán un referéndum constitucional y una inmensa oportunidad para enmarcar esa Constitución en la crisis climática en que estamos y desde ahí lograr la paridad de género. Parte de la desigualdad en Chile también está en la justicia del medio ambiente, porque son los más pobres quienes sufren hoy la contaminación del agua, la contaminación del aire y la mala salud.

-¿Usted tiene esperanza?

-Creo que el Reino Unido es serio respecto del clima. Puso en el derecho su compromiso a ser carbono cero en 2050. Solo cuatro países lo hicieron: Reino Unido, Nueva Zelandia, Costa Rica y creo que las Islas Marshall. Necesitamos que todos hagan lo mismo. Reino Unido es un buen país para liderar, pero, claro, ahora tiene que preocuparse del Brexit (se ríe). Es un desafío doble.

-¿Cuál es su misión a partir de 2020?

-Creo que soy una prisionera de la esperanza. Fue lo que el arzobispo Tutu, primer presidente de The Elders, me enseñó: a él lo acusaban de ser un optimista y dijo que no, que era un prisionero de la esperanza. (.) Yo digo que lo soy porque somos capaces de cambiar. Tenemos que serlo. Los niños y los jóvenes no están diciendo que los escuchemos a ellos, sino a la ciencia. Tomar muy en serio que la ciencia no es negociable, que tenemos que cambiar y el mundo será mejor, libre de contaminación y del daño a la salud. Un mundo más igualitario, más equilibrado en género. Esa es mi esperanza.